
A veces me gustaría matarme, cuando tengo las manos frías sobre todo.
Cortarme las venas y dejar la sangre correr. Al principio admirarla toda roja y mate. Después, ir mareándome y poco a poco ir perdiendo la vista y más tarde , por último, el olfato. La sensibilidad táctil se ha perdido por el continuo deslizamiento cosquilloso. Acabar ladeando la cabeza hasta tocarme el cuello y que los dedos chorreen sangre hasta que se cuele por las comisuras de las uñas. Que no puedan sacarla si no cepillan con fuerza y estropeen mis manos preciosas. Y mi madre, la única, llore por mi.
¿Por qué tiene tanto atractivo a veces el instante de la aniquilación?
ResponderEliminarA veces...
Solo a veces...
Un pensamiento bizarro que te arropa como una nana.
no vayas a esperarme al aeropuerto.
ResponderEliminarsabías que nunca iba a ir